No se sabe si es leyenda,
si forma parte de la verdad
o si es algo que se ha ido diciendo
con el paso del tiempo.

Lo cierto es que
casi todas
las imágenes de la Virgen
de Ruiz del Peral
tienen la misma cara.

Igual que decimos
del escultor de Exfiliana
se habla de otros escultores.

Esta historia es la de Beatriz,
una joven mujer
que conoció a Torcuato
cuando este se fue a Granada
para aprender un oficio,
este oficio
que le haría maestro en la escultura.

Beatriz no era cristiana
desde que nació.
Su familia era judía
y cuando llegaron los Reyes Católicos
decidieron hacerse cristianos
para no tener que irse de Granada.

Se hicieron cristianos, sí,
pero no toda la gente los veía bien
porque pensaban que ellos,
como otros muchos judíos
que se quedaron en España,
no se habían hecho cristianos
de corazón,
y seguían siendo judíos
y practicando la religión judía.

Por esto,
no estaba bien visto
que alguien como Torcuato,
que sí era de familia cristiana,
se casara con una judía
que ahora era cristiana.

A este problema,
a estar mal vistos,
se unió que Beatriz
no era capaz de tener hijos
por más que lo intentaban.

Torcuato no se enfadaba,
pero sí que se sentía mal
porque su mujer estaba muy triste.
Para una familia
era muy importante tener hijos.

Beatriz cada vez estaba peor
y Torcuato no era capaz
de ayudarle a que estuviera mejor.

Dicen que ese malestar de Beatriz,
su cara triste y pensativa
es la que Torcuato fue poniendo
en las Vírgenes que hacía.

No tenía a mano
nada mejor
que la pena de su mujer
para mostrar la pena de la Virgen.

Si queremos creer en esta historia
quizás podamos ver
cómo la ropa de la Humildad
hace la forma de un corazón
desde sus rodillas al suelo.

¿Sería un mensaje
que dejaba Torcuato Ruiz del Peral,
y que tiene que ver
con el amor que sentía
por su mujer Beatriz?

Es bonito pensar que sí.

Beatriz